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Jul 28 10

Mascapalabras 450

by admin
Instantes

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolificamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

(Jorge Luis Borges)

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Artículo sobre la autoría de este poema.


Jul 16 10

Mascapalabras 449

by admin

“Lo primero, en cualquier parte, es el idioma. Oh, el italiano es muy fácil, se pilla enseguida, dirá el lector. Le doy la razón, con reservas, si el objetivo se limita a pedir una puttanesca en el restaurante. Más allá, la ignorancia de la lengua italiana entraña enormes peligros. No hay nada más proceloso que deducir una lengua que se desconoce, pero resulta familiar. Ya saben, los temibles “falsos amigos”, las palabras que suenan como las propias y, sin embargo, tienen un significado muy distinto.

A modo de advertencia, reseñaré el caso ocurrido a un sacerdote: un joven cura español recién llegado a Roma desea comprar un cacharro para la pequeña cocinilla de su residencia. Necesita, concretamente, un cazo de buen tamaño. Acude a una ferretería y lo pide en lo que deduce como versión italiana, esto es, pide un “cazzo grosso”. En la tienda aún se ríen cuando recuerdan el día en que apareció un cura y, plantado ante el mostrador, exigió un cipote de gran tamaño”.

(Historias de Roma, Enric González)


Jul 5 10

Mascapalabras 448

by admin

“Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio, mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno”.

(El guardián entre el centeno, J. D. Salinger)

Jun 21 10

Mascapalabras 447

by admin

“[...] Los seres humanos son animales, afirmó, los estetas melifluos como yo manifestábamos un comportamiento infantil, distrayéndonos con nimiedades filosóficas sobre arte y literatura para no enfrentarnos con la verdad primordial del mundo. El poder era la única constante, y la ley de la vida era matar o morir, dominar o caer víctima del salvajismo de los monstruos. Habló de Stalin y de los millones de víctimas mortales que se cobró el movimiento de colectivización en los años treinta. Habló de los nazis y la guerra, y luego formuló la sorprendente teoría de que la admiración hacia Estados Unidos inspiró a Hitler la utilización de la historia norteamericana como modelo para su conquista de Europa. Fíjese en los paralelismos, argumentó, y verá que no es tan inverosímil como parece: la aniquilación de los indios se convierte en el exterminio de los judíos; la expansión hacia el oeste para explotar los recursos naturales se traduce en el avance hacia el este con el mismo propósito; la esclavitud de los negros para procurar mano de obra barata pasa a ser el sometimiento de los eslavos para producir un resultado similar. Larga vida a Norteamérica, Adam, prosiguió, sirviendo más coñac en nuestras copas. Larga vida a la oscuridad que habita en nosotros.”

(Invisible, Paul Auster)

Jun 15 10

Mascapalabras 446

by admin

“Quien trabaja en contacto con el sufrimiento acaba siempre preñado de dolor”.

(Helder Cámara)

Jun 1 10

Mascapalabras 445

by admin

Es bonito el amor cuando se hace

Si yo te prometiese no llamarte nunca
al número de móvil que quizás no me dieras
y tal vez te jurase que no recordaría
ni un solo minuto de lo que ocurriese esa noche.

Si yo te asegurara que tu rastro en la niebla
se esfumaría pronto como un fantasma
o como cualquier desconocido
con quien te cruzaras deprisa en la estación del Ave.

Si yo te confirmara que solo habría gemidos,
caricias encendidas, el sudor en las carnes
y una lengua de fuego explorando los besos
o el galope del gozo repicando en la alcoba,

qué sentido tendría, qué sentido tendría.

(de Las grandes superficies, Juan José Téllez)

May 25 10

Mascapalabras 444

by admin
Imagen de previsualización de YouTube

(Let me alone, Izia)

May 25 10

Mascapalabras 443

by admin

“… y nadie tiene un juez más severo que su cara en el espejo.”

(La vida fácil, Richard Price)

Mar 1 10

Mascapalabras 442

by admin

“El amor es como una borrachera que saca lo que llevas dentro. A un tío estupendo le saca ser estupendo y al que es un mierda el ser un mierda”.

(Arturo Pérez-Reverte)

Feb 23 10

Mascapalabras 441

by admin

“Un cliché histórico afirma que el cambio de la dictadura a la democracia en España fue posible gracias a un pacto de olvido. Es mentira; o, lo que es lo mismo, es una verdad fragmentaria, que sólo empieza a completarse con el cliché opuesto: el cambio de la dictadura a la democracia en España fue posible gracias a un pacto de recuerdo. Hablando en general, la transición -el período histórico que conocemos con esa palabra equívoca, que sugiere la falsedad de que la democracia fue una consecuencia ineluctable del franquismo y no el fruto de una voluntariosa e improvisada concatenación de azares facilitada por la decrepitud de la dictadura- consistió en un pacto mediante el cual los vencidos de la guerra civil renunciaron a ajustar las cuentas por lo ocurrido durante cuarenta y tres años de guerra y dictadura, mientras que en, contrapartida, tras cuarenta y tres años ajustándoles las cuentas a los vencidos los vencedores aceptaban la creación de un sistema político que acogiese a unos y a otros y que fuese en lo esencial idéntico al sistema derrotado en la guerra. Ese pacto no incluía olvidar el pasado: incluía aparcarlo, soslayarlo, darlo de lado; incluía renunciar a usarlo políticamente, pero no incluía olvidarlo. Desde el punto de vista de la justicia, el pacto entrañaba un error, porque suponía aparca, soslayar o dar de lado el hecho de que los responsables últimos de la guerra fueron los vencedores, que la provocaron con un golpe de estado contra un régimen democrático, porque también suponía renunciar plenamente a las víctimas y a juzgar a los responsables de un oprobioso ajuste de cuentas que incluyó un plan de exterminio de los vencidos; pero, desde el punto de vista político -incluso desde el punto de vista de la ética política-, el pacto fue un acierto, porque su resultado fue una victoria política de los vencidos, que restauraron un sistema en lo esencial idéntico a aquel que habían defendido en la guerra (aunque uno se llamase república y el otro monarquía, ambos eran democracias parlamentarias), y porque quizá el error moral hubiese sido intentar ajustar las cuentas, añadiendo oprobio al oprobio [...]; si los políticos de la transición pudieron cumplir el pacto que ésta implicaba, renunciando a usar el pasado en el combate político, no fue porque se hubieran olvidado de él, sino porque lo recordaban muy bien: porque lo recordaban y porque decidieron que era indigno y abyecto ajustar cuentas con el pasado para tener razón a riesgo de mutilar el futuro, tal vez de volver a sumergir el país en una nueva guerra civil. Durante la transición poca gente olvidó en España, y el recuerdo de la guerra estuvo más presente que nunca en la memoria de la clase política y de la ciudadanía; ésa es precisamente una de las razones por las que nadie o casi nadie se opuso al golpe del 23 de febrero: durante aquellos años todos deseaban evitar a cualquier precio el riesgo de repetir la salvaje orgía de sangre ocurrida cuarenta años atrás, y todos transmitieron ese deseo a una clase política que era sólo su reflejo. No era un deseo heroico, sediento de justicia (o de apocalipsis); era sólo un valeroso y razonable deseo burgués, y la clase política lo cumplió, valerosa y razonablemente [...] .”

(Anatomía de un instante, Javier Cercas)

Feb 2 10

Mascapalabras 440

by admin

"Es curioso que hasta anteayer se estuviese recompensando las jubilaciones anticipadas y ahora, bruscamente, se alargue la estancia en el trabajo. Teníamos los jubilados más jóvenes del mundo. Pues bien, pronto podremos alardear de disponer de los trabajadores más veteranos. Un respeto para ellos. Les han ordenado presentarse como voluntarios para salvar la Seguridad Social. Son los socorristas de las pensiones del futuro, pero no saben si llegarán a tiempo para las suyas."

(Manuel Alcántara, La voz de Cádiz, 30 de enero de 2010)

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Ene 18 10

Mascapalabras 439

by admin

"[...] Pienso en la rigidez estética y moral de este país, en el que nada más conocer a una persona le colocamos en su casilla correspondiente: creyente, ateo, progre, socialista o pepero, para, a partir de ahí, bendecirlo o crucificarlo. Si en algo nos parecemos los españoles es en nuestra falta de flexibilidad. Y los partidos políticos han contribuido enormemente a construir este enorme casillero en el que vivimos, que nos impide en muchas ocasiones llegar a ver a los seres humanos, porque anteponemos los adjetivos a las cosas esenciales: la bondad, la inocencia, el sentido del humor [...]".

(Elvira Lindo, El País, 6 de diciembre de 2009)

Artículo completo

Ene 12 10

Mascapalabras 438

by admin

No hay acción sin estación,
cuanto fulge bajo el cielo
tiene fijado su tiempo.
Un tiempo para nacer
y un tiempo de perecer,
un tiempo de plantar caña
y un tiempo para guadañas.
Un tiempo para matar
y un tiempo para animar,
un tiempo de asolación
y un tiempo de construcción.
Un tiempo para los llantos
y un tiempo para los cantos,
un tiempo para los duelos
y un tiempo para el consuelo.
Un tiempo para el hondero
y un tiempo para el mortero,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para quebrarse.
Un tiempo para el afán
y un tiempo para fallar,
un tiempo para el tesoro
y un tiempo para el desdoro.
Un tiempo de hacer jirones
y un tiempo de zurcidores,
un tiempo para callar
y un tiempo de declamar.
Un tiempo para el amor
y otro para el rencor,
un tiempo para el acoso
y un tiempo para el reposo.

Alejandro Gándara

Ene 3 10

Mascapalabras 437

by admin

"Cuando un error se hace colectivo adquiere la fuerza de una verdad".

(Gustav Le Bon)

Dic 28 09

Mascapalabras 436

by admin

"…sin calma no habrá jamás tempestad".

(El rey del balón, Tachenko)

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Sep 20 09

Mascapalabras 435

by admin

"Corruptio optimi pessima".

"La corrupción de los mejores es la peor".

(Santo Tomás de Aquino)

(Y Josiah Bartlet en El Ala Oeste de la Casa Blanca)


Ago 19 09

Mascapalabras 434

by admin

TÚ GARFUNKEL

Desmemoriado quiero estar,
para ser olvidadizo
y desatender lo nuestro,
si es que alguna vez hubo algo de eso.

Me miras bien y te das cuenta
de que todo se nos fue a la mierda.
El tejado lleno de piedras
que nos cubren de distancia.

Se nos va ya el santo al cielo,
por querer ya ni te quiero,
si no es así lo omitiremos.

Qué mala memoria,
qué mala memoria…

Te mereces mi consenso,
la catástrofe fue inmensa,
tú a Bailén, yo a Baifugona.
Ya no se aceptan más bromas,
tú me hablas de colchones,
yo te agobio con canciones,
de deseos miserables,
de una vida de desastres,
sonarán todos los clásicos
y un quejido lastimoso,
varios puntos de sutura,
todos los clichés de una ruptura.

Qué mala memoria…

Yy ahora compartimos noches
con el primero que pasa,
y abrazamos las cucharas
para ver si alguna encaja.
Y si trae comida china,
el chino del oso panda,
de repente se me enfría
y el arroz se me atraganta.

Yo soy Simon, tú Garfunkel,
yo soy Simon, tú Garfunkel…

(The New Raemon, "A próposito de Garfunkel")

Ago 13 09

Mascapalabras 433

by admin

"[...] Que el poder pretenda organizar (y por tanto controlar) la movilización y acción juvenil y su capacidad crítica es de risa y un síntoma más de esta sociedad burocratizada hasta el esperpento, adocenada e inmovilizada. Será porque los políticos que la impulsan nacieron, crecieron y se desarrollaron en una burbuja política, por supuesto subvencionada. Del colegio a la universidad, al partido político, al cargo público, a la lista electoral, al coche oficial, a la clase business, a la renta vitalicia y al retiro merecido tras una larga trayectoria cargada de reconocimientos, medallas, homenajes y galardones como gratitud por una subvención. Son los miembros del Club de los 3.000, integrados por jóvenes cachorros del PSOE y del PP que a los veintitantos no han conocido otra cosa que la política, el aparato del partido, un curso de cómo hablar en público y una nómina de 3.000 euros al mes como concejal, diputado o parlamentario.

Por lo menos, la generación de Felipe González y José María Aznar aprendió antes a buscarse la vida y en su juventud consideraba la política el medio para cambiar el mundo y no el fin de una plácida existencia.

El poder político anda desbocado en su objetivo de controlarlo todo hasta el mínimo detalle, de dirigir nuestras vidas. Por ello es tan importante el control de su actividad, de las cuentas públicas, de sus decisiones y pedirles explicaciones por ello [..]"

(Manuel Castillo, La Voz de Cádiz, 21 de diciembre de 2008)

Ago 11 09

Mascapalabras 432

by admin

RAFAEL AZCONA: UNOS ZAPATOS MUY RESISTENTES

Como muchos hombres enteros, que se definen por sus zapatos, Rafael Azcona los usaba muy resistentes, cómodos y apropiados para el barro, aunque los zapatos de Azcona eran de una marca especial: habían salido de fábrica preparados para no pisar ninguna mierda ni tener que meterse en charcos innecesarios. La calle, los bares, pensiones, fondas de estación, fiestas de pueblo, las bodas y entierros constituían su ruta natural, pero tampoco desdeñaba adentrarse en el laberinto de El Corte Inglés, adonde Azcona acudía a menudo, como quien va al acuario o al zoológico a estudiar el comportamiento de ciertos animales de clase media excitados ante un cúmulo de cacharros. Azcona tenía una mirada fotográfica y el oído extremadamente desarrollado para captar el sonido auténtico de las palabras que emite la gente subalterna cuando se mueve en su propio medio. Si nadie en el cine europeo ha dialogado como este guionista, eso se debe a que usaba los zapatos adecuados. Siempre miraba dónde ponía el pie. Tal vez esa lección la había aprendido una noche oscura en Ibiza cuando volvía a casa en bicicleta después de una fiesta y llevado por la emoción poética le dio por levantar los ojos hacia las constelaciones y se dio un batacazo. Una y no más. Había que dejar las estrellas en su sitio allá arriba y poner la metafísica al nivel de las hormigas.

Rafael Azcona decía que la gran comedia en el cine italiano murió el día en que los guionistas se hicieron ricos y dejaron de ir en autobús. Dispuesto a no morir como creador, él despreció siempre el taxi e incluso el automóvil de los amigos que se ofrecían a llevarlo a casa a la salida del restaurante. Cuando a cada uno de los comensales el aparcacoches le acercaba el Audi, el Mercedes o el BMW, Azcona se despedía del grupo en la acera blandiendo con orgullo de resistente el bonobús de jubilado y se dirigía a la parada. En este sentido su determinación fue inexorable hasta sus últimos días. Parecía que le iba la vida con ello. Tal vez porque en su tiempo, en Logroño donde nació, los taxis se tomaban para cosas muy serias, casi siempre graves, por ejemplo, para ir a hacer testamento o para llevar a un familiar al hospital a operarse de vesícula o de algo peor.

Nunca contó un chiste, pero no decía nada que no fuera sorprendente y divertido. Nadie veía lo que él veía. Azcona tenía el don de convertir lo cotidiano en surrealista y por muy extraña que fuera su salida, al final llegabas a la conclusión de que tenía razón y que te acababa de mostrar el revés del espejo. Antes de volver a casa a pie o en autobús, en la sobremesa con los amigos, había desmitificado el amor, la patria, Dios, la iglesia, la política, el dinero, el ejército, los banqueros, los obispos, todo con ejemplos y datos concretos, inapelables, sin retórica alguna, sólo con la ayuda de un par de orujos. De ese río turbulento y embarrado que arrastra a personas, perros y enseres por la vida Azcona con su criba siempre sacaba una pepita de oro, que no era otra cosa que el placer de la carcajada. No tenía el gen de la envidia y le ponían muy nervioso los elogios. Enseguida cambiaba de conservación.

No creía en las grandes palabras. ¿El amor? El amor iguala al magnate y al fontanero. Si la doméstica desprecia al fontanero cuando va a una casa a desatascar el retrete su sufrimiento es idéntico al que experimenta el millonario si una modelo maravillosa lo desdeña. Y al revés. El placer sexual que procura la pasión amorosa nace de un calambre idéntico para ricos y pobres, porque si resulta que Bill Gates lo pasa mejor que uno cuando eyacula, habría que ir pensando en pegarse un tiro.

Rafael Azcona se quedó con las ganas de crear una asociación con todos los novios perjudicados por Frank Sinatra. Él veía que en un local a media luz los novios se acariciaban; de pronto sonaba la voz de Sinatra y las parejas se ponían tiernas, desprotegidas, a merced de su melodía y decidían casarse. Luego, una vez casados, volvían a poner el disco y ya no era lo mismo. Azcona creía que un buen abogado norteamericano le hubiera sacado una pasta al cantante, tan hormonal, por daños y perjuicios.

Un amor contrariado y el sueño de ser escritor lo trajo a Madrid. Después de velar las armas de la literatura en un peluche del café Gijón se empleó de contable en una carbonería; luego fue recepcionista en un hotel de mala muerte; vivió en una pensión de la plaza del Carmen especializada en opositores a Correos donde había una criada enana y una cocinera octogenaria. Un sastre le tomó medidas de su primer abrigo en una esquina de la Gran Vía y allí mismo le hacía las pruebas al aire libre durante varias semanas. El amor contrariado que había dejado en Logroño le propició los primeros versos que recitó en las justas del café Varela a cambio de que no le obligaran a consumir ni un café con leche y le dieran el agua gratis. Dormía la siesta en el Comercial con una servilleta tapándole la cara y pese a todo odiaba la bohemia. Mingote lo llevó a La Codorniz y Azcona un día rompió a escribir novelas de humor negro, con un talante personal que nunca perdió.

Pertenecía a la generación de los años cincuenta, en compañía de Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Fernández Santos. Eran escritores de vino tinto servido en vaso chato en los mostradores siempre mojados de las tabernas madrileñas. Después de pasar por La Codorniz, Rafael Azcona estaba destinado a alimentar el realismo social y sin llegar a exaltar la berza como estandarte, sus escritos se llenaron de gente de un costumbrismo de pensión, de funcionarios derrotados, de chicas llenas de amor melancólico, pero un día vino a rescatarlo Marco Ferreri y se lo llevó a Italia.

Antes, en la Ibiza de los años cincuenta, donde recaló junto con las primeras aves del paraíso, Azcona descubrió que allí bastaba con ponerse un foulard para que te admitieran en cualquier fiesta, pero la Roma de los años sesenta le enseñó que a este mundo se había venido simplemente a gozar de la vida y no a atormentarse, como sucedía en España. En Roma nadie hablaba del bien morir. Allí se educaba a la gente para vivir lo mejor posible. En cambio, durante años la enseñanza en España estaba encaminada a que uno fuera al cielo y el camino más recto era no haber disfrutado nada en este mundo y haber recibido la extremaución con la bendición apostólica.

Hay alimentos que son proteína pura, sin grasa, excipientes ni colorantes. Ése era Rafael Azcona, un tipo que había logrado ese equilibrio perfecto entre la visión más tierna y desgraciada de la gente, su despecho, su compasión y su inalterable rigor. Un día supimos que estaba gravemente enfermo. Con la muerte soplándole la nuca acudía a la cita con sus amigos en el restaurante. No perdió nunca su alegría descarnada. Y al final ejecutó su última obra maestra. La muerte es una cosa muy obscena y las pompas fúnebres una muestra macabra de mal gusto. Una voz nos comunicó que Azcona había muerto cuando ya estaba incinerado. Su ideal había sido morir lo más tarde posible, en perfecto estado de salud, en la cama, dormido, y sin ningún problema. Sin dar con su cadáver tres cuartos al pregonero. Llevó bien la corta enfermedad. El médico dijo que sólo le sobraron ocho días. Hasta ese momento en la cama estuvo escribiendo un guión que trataba de gente de la calle, tributable, anónima, feliz a ratos y siempre derrotada. Una historia más de sus criaturas.

(Manuel Vicent, El País, 1 de agosto de 2009)


Ago 10 09

Mascapalabras 431

by admin

EPIGRAMA

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

(Ernesto Cardenal)

Ago 5 09

Mascapalabras 430

by admin

VICENTE FERRER

Algunos de los mejores misioneros que conocí en África abandonaron la Iglesia a los pocos años. Se casaron (o se buscaron una pareja) e iniciaron una nueva vida en otro sitio. Los recuerdo en sus iglesias de ladrillo, en sus escuelas con pupitres hechos de troncos, en sus dispensarios donde muchos enfermos tenían que dormir en el suelo. Esos misioneros -y las monjas que trabajaban con ellos- son las personas más valientes que he conocido, pero un día se hartaron de hacer lo que hacían. Y no es que se cansaran de África, nada de eso, sino de las imposiciones absurdas de la jerarquía eclesiástica.

La Iglesia católica haría bien en preguntarse por qué la abandonan muchos de sus mejores miembros. Si un club de fútbol perdiera cada año a sus mejores jugadores, ese club tendría que llegar a la conclusión de que algo está haciendo mal en su programación deportiva. Y algo así le está pasando a la Iglesia católica, sobre todo por su obsesión patológica con el celibato y con el sexo. Jesús no parecía tener ningún temor a las mujeres, y les hablaba de tú a tú y las escuchaba y las respetaba. Algunas de las escenas más hermosas del Evangelio desprenden un delicado erotismo, como ocurre en los dos encuentros de Jesús con María, la hermana de Lázaro. Pero la Iglesia actúa de una forma muy distinta y dedica una gran parte de sus energías a despotricar contra los peligros apocalípticos del preservativo o del simple disfrute del sexo. ¿Es que no existe otro tema más importante en este mundo?

Sólo así se explica que un hombre como Vicente Ferrer, que fue jesuita y que hizo algunas de las cosas más admirables que podamos imaginar en esta tierra, se saliera de la Iglesia en 1970, después de haber sido sacerdote durante casi un cuarto de siglo. Las informaciones definen a Vicente Ferrer como un filántropo, como si fuera un Bill Gates cualquiera, pero el sustantivo es erróneo. Los filántropos firman cheques en su despacho y luego se hacen una foto en el hospital que han financiado, al que viajan en su jet privado junto con su estilista y su mayordomo y su cocinero. Y Vicente Ferrer no era así. Dormía en una vivienda humilde, comía lo mismo que comían sus vecinos de Andhra Pradesh, pensaba como ellos, hacía lo mismo que ellos. Para mejorar las condiciones de vida de una de las zonas más pobres de la India, abrió pozos, buscó créditos, combatió los tabúes religiosos y defendió a los parias de la casta de los intocables. Una de las primeras cosas que hacía era abrir un centro de planificación familiar. Nuestra inteligente Iglesia se oponía a esta iniciativa, así que ahora, en vez de tener un santo cristiano -como en realidad fue Vicente Ferrer-, tenemos que conformarnos con un "filántropo". Sea eso lo que sea.

(Eduardo Jordá, Grupo Joly, 2 de junio de 2009)

Jul 6 09

Mascapalabras 429

by admin

"[...] Al fin y al cabo, yo sabía por propia experiencia que la vergüenza puede forzarlo a uno a mostrarse esquivo, a ponerse a la defensiva, a ocultar y desfigurar las cosas, incluso a herir a los demás."

(El lector, Bernhard Schlink)

May 5 09

Mascapalabras 428

by admin

EL EJEMPLO DE MARSÉ

Se suele decir que leer libros nos hace mejores de lo que somos, pero eso no es del todo cierto. Stalin fue un lector omnívoro, y su fervor era tan gigantesco que el poeta Osip Mandelstam llegó a comentarle un día a su mujer: "Rusia es el único país del mundo que respeta la poesía. Aquí te matan por haber escrito un poema". Y así le ocurrió al propio Mandelstam, que murió en un campo de concentración siberiano en diciembre de 1938. Hitler también fue otro lector insaciable. Leía novelas de indios y vaqueros de Karl May, que incluso recomendaba a sus generales durante la guerra, para que así aprendieran a actuar con intrepidez e imaginación, pero también leía a Shakespeare y a Cervantes, e incluso llegó a regalarle a su hermana, en 1908, un ejemplar del Quijote. Lo malo fue que también leía los folletos antisemitas de un antiguo monje cisterciense que había fundado una Nueva Orden Templaria en un castillo junto al Danubio. A Hitler no le quedó nada de la piedad de Cervantes ni de la grandeza de Shakespeare. Y en cambio, durante toda su vida fue un febril antisemita que soñaba con cruces gamadas y con una nueva orden de templarios que tuviera castillos a lo largo de todo el mundo.

Digo todo esto porque a veces tendemos a mitificar la lectura. Los libros, por sí mismos, no ayudan a nadie a ser mejor persona, ni siquiera a ser más libre o más sabio. A veces suele ocurrir todo lo contrario, como les pasó a Hitler y a Stalin. Es más, el hecho de creerse cultos porque habían leído muchos libros les llevó a ser más fanáticos y más crueles. De algún modo, se sentían autorizados a hacer lo que hacían porque habían leído mucho y habían aprendido muchas cosas que los demás ignoraban. Pero éste fue el gran error de Hitler y Stalin: leían para aprender, no para disfrutar ni entretenerse, no para dudar de todo lo que habían leído hasta entonces. La belleza, la verdad, la grandeza del arte les importaba un pimiento. Sólo les interesaba encontrar en los libros una frase que les permitiera reafirmarse en los prejuicios que ya tenían.

Por eso me alegra que el gran Juan Marsé, en su discurso de aceptación del Premio Cervantes, insistiera en la idea de que hay que leer para divertirse. Hitler y Stalin siempre tuvieron que vivir con el resentimiento de no haber sido "intelectuales". Juan Marsé nunca sufrió este resquemor absurdo. Cuando era joven trabajó en un taller de joyería. Luego trabajó en París de mozo en un laboratorio. Todo lo que aprendió lo aprendió de sus amigos, o leyendo tan tranquilo en un rincón, pero por placer, por diversión, no para llegar a ser un "intelectual" cargado de ideas. Cada vez hay menos lectores, pero no serían tan pocos si los profesores de literatura siguieran el ejemplo de Juan Marsé.

(Eduardo Jordá, Grupo Joly, 25 abril de 2009)

May 4 09

Mascapalabras 427

by admin

"[...] Y bueno, ¿qué tiene de malo la pena de muerte? Yo no estoy en contra. Se trata de una venganza, ¿y es que tiene algo de malo la venganza? Es muy importante. Si yo fuera pariente de los Clutter o de cualquiera de aquellos que York y Latham despacharon, no podría descansar en paz hasta ver a los responsables columpiándose en la horca. Esa gente que escribe cartas a los periódicos. El otro día en un diario de Topeka había dos, una de un ministro preguntando en resumen qué clase de farsa legal era ésta, por qué esos hijos de mala madre de Hickock y Smith tienen aún el cuello entero y se están comiendo los dineros del contribuyente.

Bueno, comprendo su punto de vista. Que están que rabian porque no consiguen lo que quieren: venganza. Y no lo van a conseguir si yo puedo impedirlo. Yo creo en la horca. Mientras no sea a mí a quien cuelgen."

(A sangre fría, Truman Capote)

Abr 19 09

Mascapalabras 426

by admin

"Aprendió tantas cosas -escribía mi maestro, a la muerte de su amigo erudito-, que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas".

(Antonio Machado en la voz de Juan de Mairena)